Un juego de horizontes

Los cimientos a veces suben al tejado. Abajo hay humedad y les duele la espalda. Auscultan el horizonte. Beben y fuman. Escriben. Así nacen las revistas culturales (y mueren). También los cuadros de Maurits Cornelis Escheres. La arquitectura del periodismo retorcido, motu propio y por necesidad, tan inestable por sus pesos, casi vencidos de expectativas. Un metaperiodismo que sube y baja, siempre tendiendo hacia otras partes y a ninguna simultáneamente, a más, a más. Como esta misma Jaula, natural de Galicia como un proyecto bicéfalo en su momento -o eso quiero recordar-, que hace escasos meses se casaba de segundas nupcias en Sevilla a cuatro; a cuatro desconocidos. Hemos cerrado la terraza, ahora hay más salón ¿A dónde vamos?

Una de las muchas obras inverosímiles de Escheres (Fuente: HoyEsArte).

Qué voy a inventar en el discurso de la disciplina y el valor del trabajo. Qué voy a decir sobre el compromiso con un proyecto, cuando los grupos de rock duran dos discos si acaso; cuando sólo el 3% de las empresas que se fundaron en 2011 en Estados Unidos llegaron vivas a su quinto año, cuando la vida media de una empresa del Fortune-500 es apenas de 40 a 50 años según el Foro Económico Mundial . Qué aportar al debate de las finanzas en el sector cultural, o el futuro del papel. Al final lo que más dura es un edificio. Que alguien sirva una bandera de España en lo alto de este, que ya hemos acabado este artículo, no haremos más plantas. Solo falta todo. Hasta los muebles, la formación periodística, los lectores.

Hasta las palabras más sólidas a veces (se) vencen. La JotDown, siempre JotDown -desde aquí mi genuflexión más forzada a sus majestades-, que nacía en 2011 y ya a mediados de 2012 superaba el medio millón de visitas mensuales, cerraba un acuerdo en 2015 con El País para una edición mensual, la JotDown Smart -a 1 euro que acabaron siendo 3- que se rescindía hace apenas unas semanas dada su escasa rentabilidad -era nula, no mientas Ricardo-. Otro complejo urbanístico de costa infrautilizado. Pero de esto ya hablamos el mes pasado, quiero prometeros nuevos temas, alguna enhorabuena entre tanta protesta.

La revolución no será organizada (Fuente: CartagenaPiensa)

Cómo cambiar el mundo (2015) es un fantástico documental que recoge los orígenes de tanto Greenpeace como de la ola de concienciación verde que fregó América de la mano del movimiento hippie. Y ya en 1971, cuando los activistas canadienses navegaron a Amchitka, en Alaska, donde iba a tener lugar la prueba de la bomba nuclear, tenían sus más y sus menos. El propio documental rotula que la “revolución no será organizada”. Vaya labor de albañilería más pobre, con los ladrillos sin alinear. Qué narices, mirad a Podemos hoy, hay panes como tortas… O a UPyD recalificado, reconvertido a museo.

La foto de Vistaalegre (Fuente: El País).

Los proyectos perecen, como los yogures en la nevera o nosotros mismos. Quizás esa sea la audacia de la esperanza de Obama. Un juego de horizontes sin prisa, con errores, intentos e introspección, asumiendo la probabilidad de éxito del 3% al lustro, de morir joven, de conseguir lectores para tu medio. Paciencia y una buena contabilidad. Palabras precisas en nuestro caso. Vamos a construir escaleras más altas y anchas, para que los cimientos puedan subir al tejado y desmoronarlo todo; para que puedan ayudarnos a escribir ahí arriba. La casa por el tejado, como Fito o las Torres de Colón.

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